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LOS OTROS LENGUAJES DEL CUERPO

Tany Giselle Fernández Guayana

Candidata a Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Especialista en Desarrollo Personal y Familiar. Licenciada en Pedagogía Infantil.

tany.fernandezg@gmail.com

 

 

El cuerpo, ¡oh cuerpo! ese territorio que habitamos y que a lo largo de la historia ha tenido tan distintas repercusiones en la configuración del mundo, hoy requiere de su propia resignificación. Recordemos, por un instante, de aquellos campos simbólicos que establecieron del cuerpo y el alma una dualidad, el cuerpo como una cárcel que atrapa el alma, por lo tanto, inaudita. No hagamos de lado aquellas represiones que se hacían contra los cuerpos que intentaran tan sólo un poco de higiene porque, ante sus superiores, significaba toda una osadía hacia Dios. Volvamos la mirada reconociendo también, que el cuerpo, ha sido carne de batalla, elemento principal de combate sin disponer del sujeto a quien le pertenece. Ante tantos estigmas y ejercicios de poder que han girado a su alrededor, el cuerpo, nuestros cuerpos, demandan de una reivindicación.

 

Todo lo que nos acontece, pasa primero por nuestros cuerpos, lugar que nos es dado, sin límite, con extensión: lo único que lo bordea son las dimensiones físicas, pero su trascendencia se inscribe con el lenguaje (Fernández, 2007). El cuerpo tiene su propia palabra donde se crean otros mundos, otras cosas... el mundo del cuerpo crea también otros seres. Lo común y lo diverso, lo imaginario y lo real transita en el cuerpo: lugar de enunciación: cuerpo, lo Otro.

 

El cuerpo como palabra, también surge en la sensualidad, el vértigo y el abandono. En su desnudez se abre un escenario para los modos de ser y de estar, para la caricia, el beso, el sufrimiento, para lo feo. El cuerpo así mismo, alberga las formas de la fragilidad, la vulnerabilidad. Por esa razón, no basta con referirse al cuerpo como algo (Lacan, 1978, p.9) su inherencia es con el sentir, el escuchar, el ver, el tocar, el probar y el darse: esa vinculación o entrelazamiento que tiene con el mundo y que se mueve sin descanso… que se incrusta en lo vivido (Medina, 2017).

 

De esta manera, el cuerpo transita en una entrega constante e irremediable a causa de su propia existencia. En medio de esa realidad, lo que acaece es la relación de un tú y un yo, donde el encuentro es el culmen de todas sus manifestaciones. En esa coexistencia, el cuerpo cambia, se transforma: se vuelve voz y silencio. Voz en la medida que se expresa en el aquí y el ahora, y silencio… cuando se hace presente, en él, lo que aún no está advertido (Lacan, 1978, p. 9-13). El cuerpo va y viene entre el grito y el susurro que sólo haya su plenitud cuando es declarado, como El grito de Munch: lo esencial de ese cuerpo es que su grito sale a través del silencio.

 

Explayarse entonces, de esa manera, haciendo visible lo invisible o invisible lo visible, es gaje del cuerpo. Todo acto poético tiene raíz en un cuerpo, allí se crean y descrean la sutileza y el hastío, la pureza y lo degradante. Como bien lo aprecia Merleau-Ponty (2010): un cuerpo embarazando a la mujer, disfrutando del chorro de orina o del dolor retenido por una cortada. Por el cuerpo hay un origen, se crea lo nuevo y se nombra lo palpable, lo etéreo, lo fenoménico, lo ajeno, lo extraño. Al fin y al cabo, a todo eso se le alude un cuerpo.

 

En ese sentido, el cuerpo también se traduce en rebeldía, resistencia, en un modo de ser contra el orden, contra lo dado (Tusquets, 2007). Su complicidad busca la liberación, “lo que queda por decir y lo que da qué pensar”. (Larrosa, 1999, p.20). Al cuerpo no le importa ser la figura más benigna, hospitalaria, verdadera o carnal. El cuerpo se apropia de los lenguajes, de los propietarios, de sí mismo: “ama un cuerpo, siendo un cuerpo, a través de un cuerpo, haciendo cuerpo con un cuerpo, cuerpo a cuerpo, entre los cuerpos” (Larrosa, 1999, p.21). A partir de sus extremos y sus estrecheces suceden infinitas cosas… y se escapa. El cuerpo no requiere de comprensiones.

 

Sin embargo, si requiere de la materialización, ese deseo que nos convoca (Serrano, Serrano y Ruiz, 2016). Bien lo decía Spinoza (citado por Reyes, 2016) “nosotros no sabemos lo que puede el cuerpo… el cuerpo es enunciación provocativa y necesaria”, un entorno que se desborda de un entero excitante, perturbador, apetitoso, emocionante, provocador y exaltador hecho: el eros (Morin, 2003). El cuerpo es transformado alterando la materia propia y la del cuerpo forastero. En ese acto interpersonal el mismo cuerpo exige de dos presencias: sin el Otro, no hay cuerpo (Octavio Paz, en Serrano, Serrano y Ruiz, 2016).

 

El cuerpo se anticipa reclamándonos como territorio de la experiencia, escenario de lucha, de finitud, zona de expresión y de fatiga (Bárcena, Larrosa y Mèlich, 2006), donde, a veces, no pasa nada y es exactamente allí donde se le toca (Daniel Sicerone, s.f.). El cuerpo nos solicita aprender y trasgredir las leyes para hacer conciencia de lo humano (Marcel Mauss, 1971). ¡Oh cuerpo! lugar predilecto de toda génesis, de todo significado, de la presencia vívida del azar. Incertidumbres corren a través del cuerpo, siempre alterándose, siempre mudando… cuerpo que nos permite ser acontecimiento: ser potencia.

 

ARTE CONTEMPLATIVA

 

Permitirme explorar a través de la palabra, otras formas de comprender el mundo, es lo que posibilita que yo siga transitando esta existencia. Por esa razón, a partir del anterior texto reflexivo, comparto a continuación una prosa poética a manera de tributo y homenaje a lo único que poseo: el cuerpo.

 

Frescos en Pompeya durante el Imperio Romano

I

 

No ha salido de todo el sol, se asoma tan sólo un rayo que señala las sábanas de donde brotan sus piernas, sus piernas luego del amor. La miro, como se mira a quien acaba de nacer… mi aliento, por su parte, recorre lo que queda de su superficie. Los zapatos también la asechan y se encuentran ansiosos de aprisionar sus pies, ellos no tienen otras formas de poseerla.

 

Mientras duerme, me dirijo a la tarde de ayer, al espejo donde colgó su falda, la falda que me sirvió de camino hacia su lunar y que me conectó a ese misterioso túnel un poco más al norte. Mis dedos, al tacto profundo de su útero, despojaron allí estrellas fugaces.

 

Las cinco de la tarde fue su hora perfecta, la de los asesinatos, fue en ese lapso que se colgó de mi boca junto con el atardecer hasta quedarnos inmóviles. Pruebas pocas hay cuando se trata de hacer el amor y este rayo que se asoma, ha de ser el único testigo descubriendo los rastros de mis labios en su piel, en su mente, en sus otros territorios que he habitado ya. Ella se volvió una con la tarde y yo la albergué hasta que alcanzáramos a morir.

 

II

 

Ella suele ser una mujer, en singular, aunque menciona que hay otras a las cuales pertenece: féminas que transitan por sus venas, que se arrastran, que se despliegan y que se desnudan dejando descalzos sus modos ser. No hay para su calendario un mañana, sólo existe el irremediable tiempo que le golpea con su tic tac. Por eso, no sabe de procedencias ni de destinos y, sin embargo, fue capaz de conducirme hacia el terreno que mejor domina. Fueron entonces sus espectros los que se regaron en nuestros vientres, en el aire y en el ocaso. Mientras tanto, ella iba y venía con su movimiento, con sus huecos cóncavos en los que sólo yo pude arder.

 

Fue en ese encuentro de alteridad, donde nuestros rostros se despojaron de toda máscara, vulnerables como cuando nacemos una vez más. Fue allí donde recordamos que la vida calcina y a manera de respuesta, nos dejamos a merced del azar: haciendo el amor una y otra vez. Desde ese instante, esta ciudad cogió otro sabor.

 

Ahora que vuelvo la mirada hacia ella, logro ver cómo el rayo va subiendo por su espalda, su espalda vacía que necesita de algún acontecimiento. Cómo deseo rozar esa piel con un lápiz y permitirle sangrar, permitirme probar. Qué sea el líquido de su cuerpo el que logre llevarme a regiones extrañas. Ojalá un poco de mi se quede en su adentro.

 

III

 

Los zapatos que todavía se encuentran debajo de las ropas, se asoman para observar las ruinas que dejó el rayo en su pelo, brillantes luces que enceguecen al reflejarse contra el espejo. Celos me provocan que otros objetos estén dispuestos para ella y aunque puedo prescindir de éstos, prefiero que estén presenten ante lo que nos acaece. Entonces me acerco para rozar su desnudez y la beso despacio, con mayor precisión, la beso mojando sus sequías, su voz, sus ausencias. Ella, por su parte, me recibe como bien lo sabe hacer, con su única religión: el silencio.

 

La beso y la beso una vez más, la aprieto y la penetro. Son mis dos lanzas, las que trasgreden los extremos intentando tocar su centro: el centro de su centro. La acoso así con la vida y corto lo que queda de su piel para pegarla a la mía, porque es difícil ser uno solo cuando lo terrenal nos divide por defecto. Qué sea entonces su sangre la que se resbale por mis túneles, qué sea su sangre la que expulse luego, luego de adueñarse de mi carne y del miserable espíritu que me queda. Aquí, yo ya no soy de este cuerpo.

 

-Mujer, esto no tiene principio ni final, emprendamos otros rumbos, dejemos los cuerpos: la carne muere en otra carne, al fin y al cabo, somos dos anónimos, mañana vuelve a salir el sol…

 

Shunga japonés


Referencias

 

  • Bárcena, F., Larrosa, J., & Mèlich, J.C. (2006). Pensar en la educación desde la experiencia. revista portuguesa de pedagogía. Vol.40, N.1. pp.233-259
  • Fernández, A.M. (2007). Cuerpo, Lenguaje y Enseñanza. Revista Educação Temática Digital ETD. v.8. Pp.59-79
  • Lacan, J. (1978) El psicoanálisis y su referencia a la relación sexual. Conferencia pronunciada en el Museo de la Ciencia y la Técnica, Milán. Milán: La Salamandra.
  • Larrosa, J. (1999). Erótica y hermenéutica, o el arte de amar el cuerpo de las palabras. Revista Educación y Pedagogía. Vol. 11, Nº. 23-24, p.17-27
  • Mauss, M. (1971) Les techiques du corps. Journal de Psychologie. XXXII, pp.3-44,
  • Medina, S. (2017). Cuerpos impropios: Lacan y Merleau-Ponty. En El Cuerpo en Acto. Merleau-Ponty y los límites de la expresión. Chile: Cuerpo y Lenguaje, grupo de investigación
  • Merleau-Ponty, M. (2010). Lo visible y lo invisible. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión
  • Morin, E. (2003). El método: la humanidad de la humanidad. La identidad humana. Madrid: Cátedra.
  • Serrano Barquín, H., Serrano Barquín, C. & Ruiz Serrano, E. (2016). Calle 14: Revista de investigación en el campo del arte. Vol. 11, N.20. Pp. 1-21
  • Sicerone, D. (s.f). Filosofar desde el cuerpo: una ontología de la filosofía. Revista Reflexiones Marginales. Disponible en: http://reflexionesmarginales.com/3.0/filosofar-desde-el-cuerpo-una-ontologia-de-la-filosofia/
  • Tusquets, Ó. (2007). Contra la desnudez. Madrid: Anagrama.

rECOMENDACIÓN

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Abril, 2019

Fuente de fondo: Fotografía del Malecón en La Habana, Cuba


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