Enero, 2020

Lo que nos deja el coronavirus: volver a lo esencial

Tany Giselle Fernández Guayana

Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Especialista en Desarrollo Personal y Familiar. Licenciada en Pedagogía Infantil. tany.fernandezg@gmail.com

 

 

Hoy lo indescifrable, lo incomprensible, lo inimaginable también ha tornado a las palabras: indecibles. La situación por la cual se encuentra el mundo hoy, a causa del Covid-19, es una de las realidades que más ha trastocado los escenarios cotidianos del ser humano. Dolor, angustia e incertidumbre son los sentimientos que más se han marcado en la sociedad. No obstante, el término “coronavirus” nos deja, desde ahora, una meta que trasciende los escenarios del dinero, del poder, del placer y de la vanidad. Hoy la pandemia nos invita a retomar lo esencial: los valores.

 

Para nadie es novedoso hablar de las posibles causas del virus y de su forma de prevención, sin embargo, su comportamiento y dinámica sigue siendo un total misterio. Hoy todos los conocimientos, los inventos, las inversiones y cada una de las creencias individuales están siendo trasgredidas, porque, el ser humano, ha quedado expuesto en su verdadera dimensión: un ser vulnerable ante la majestuosidad de la naturaleza y el universo. De hecho, así lo afirma Ricardo Santamaría (2020): “Somos vulnerables. Todo ese poderío militar o económico que países y personas muestran, nada puede hacer frente a un virus invisible. No somos tan poderosos como creemos. El mundo parece estar en jaque”.

 

Por lo tanto, mientras todos los esfuerzos de los expertos se enfocan en la creación de una vacuna, no nos queda más a nosotros que mirar el presente y el pasado. Es decir, tal vez por primera vez volcar nuestra mirada hacia las personas que conviven con nosotros; volcar nuestra atención hacia los oficios que hoy nos suplen las necesidades básicas; volcar nuestra admiración hacia aquellas profesiones que hoy han posibilitado que muchas personas puedan seguir trabajando desde sus hogares; volcar nuestros ojos hacia la belleza de un ambiente limpio y fresco; volcar la mirada hacia las actividades que nos permiten cultivar el mundo interior a través de la buena utilización del tiempo libre; volcar nuestros actos hacia quienes no tienen las mismas oportunidades que nosotros de techo, de alimentación y de cuidado. En resumen, tal vez por primera vez tenemos la oportunidad de volver a lo espiritual.

 

De toda esta contemplación queda entonces preguntarse sobre cuáles son realmente los fundamentos humanos que deberían vivirse, de ahora en adelante, sin discusión alguna:

 

HUMILDAD: En las últimas décadas nos hemos dedicado a alimentar la idea de que “el hombre domina la naturaleza” cuando realmente no es así. Nos hemos dedicado a ser los devoradores voraces de los recursos y los controladores hasta de la propia muerte. Una cultura que todavía siga creyendo que es la “dueña y señora” del mundo y del universo, se vuelve hoy la principal enemiga de su propia existencia: “Por eso, parece claro que, para ser humilde, hace falta ser realista” (Isaacs, 2003, p.263).

 

SOLIDARIDAD: Las ideas individualistas nos reclama hoy tirarse a la basura. De nada sirve pensar sólo en mi, cuando de mis propios actos y decisiones dependen muchos otros. De ahí que, no es momento de culpas o de dejar la situación en manos de unos pocos (Coscubiela, 2020). Es de todos la RESPONSABILIDAD de cuidarnos y de cuidar a quienes nos rodean, ya sea siguiendo la cuarentena o ayudando con alguna donación a quienes están pasando dificultades como sucede con los animales, personas solitarias o habitantes de calle. Por esa razón, cuando la humanidad “colabora mutuamente para conseguir un fin común se puede asumir sin temor hasta los más grandes desafíos” (Casa Editorial El Tiempo, 2002, p.46).

 

PACIENCIA: En definitiva, uno de los rasgos predominantes durante la cuarentena. Al hacer hincapié en que el hombre no tiene control de todo, no queda más que dejarnos abrazar por la FE. Es decir, intentar continuar nuestras rutinas con un toque de esperanza y optimismo. Podemos, a través de un esfuerzo colectivo, tener actitudes positivas para pensar que todo va a salir bien o que después de la tempestad viene la calma. Bien lo menciona Isaacs (2003) en su estudio sobre las virtudes humanas: “La paciencia supone que compensa esperar y que se puede esperar. También supone superar las molestias que van surgiendo, con serenidad” (p.276).

 

EL VALOR DE LA INCERTIDUMBRE: Es innegable reconocer que en estos momentos nos rodea el miedo, el miedo a no saber qué va a pasar. Y sinceramente, eso parece ser lo único que tenemos seguro: “el futuro no está escrito, no es determinista, sólo depende de nuestra capacidad para canalizarlo en una u otra dirección una vez llegue” (Coscubiela, 2020). Es así como luego de la pandemia, el mismo futuro se encargará de orientar nuestras acciones hacia un cambio de mentalidad y de comportamiento. A la larga, es esa la realidad que nos deparará: lo que vayamos a construir luego del coronavirus.

 

APRENDER A VIVIR JUNTOS: Ahora nos estamos cuestionando qué es lo que nos une y qué lo que realmente nos separa (Santoro, 2020). Nos encontramos en un momento donde los términos “él”, “ella”, “ellos”, “ellas”, “esos”, “esas” pueden ser cambiados por “nos-otros” ya que, a partir de allí reconstruimos el concepto de diferencia y de igualdad. De hecho, el virus no discrimina a nadie, por eso, en el “nosotros”, es como podemos construir soluciones en beneficio de todos y a su vez, otras formas de ser y de estar en el mundo.

 

Como nos podemos dar cuenta, al final, lo que nos deja esta pandemia es la reconciliación con los valores humanos los cuales iremos reafirmando a partir de nuestra capacidad de RESILIENCIA. Nos deja la oportunidad de INTEGRAR EL DOLOR ajeno a nuestras vidas, de dejarnos tocar por el sufrimiento de otros para hacer algo por ellos: “Contribuye a que caiga por tierra tanta hojarasca que muchas veces arrastro sin motivo y que me sitúa ante las realidades centrales de la existencia” (Llano, 2002). Nos deja la oportunidad de ser EMPÁTICOS, de ser consientes de la experiencia ajena que ahora nos interpelan a fin de dar una respuesta. Y, por tanto, nos deja una oportunidad para AGRADECER, porque, a pesar de las vicisitudes, contamos con algo y con alguien, y es ahora más que nunca, que estamos dispuestos a cuidarlo.

 

El mundo hoy nos invita entonces a replantearnos nuestras ideologías sobre la vida porque no somos los únicos seres que compartimos la misma casa (el planeta). De esta manera el aislamiento obligatorio o cuarentena cobra mayor sentido: nos invita a la reflexión constante de no ser ajeno a la suerte del Otro, de los Otros y de lo Otro.

 

Referencias

  • Casa Editorial El Tiempo. (2002). El libro de los valores. Bogotá: CASA EDITORIAL EL TIEMPO
  • Coscubielas, J. (2020). Las enseñanzas del coronavirus. Disponible en: https://ctxt.es/es/20200302/Firmas/31471/coronavirus-oportunidad-cambios-crisis-medidas-joan-coscubiela.htm
  • Isaacs, D. (2002). La educación de las virtudes humanas y su evaluación. Navarra: Editorial EUNSA
  • Llano, A. (2002). La vida lograda. Barcelona: Editorial ARIEL.
  • Santamaría, R. (2020): Coronavirus y consecuencias. Disponible en: https://www.portafolio.co/opinion/ricardo-santamaria/coronavirus-y-consciencia-539122
  • Santoro, P. (2020): Coronavirus: la sociedad frente al espejo. Disponible en: https://theconversation.com/coronavirus-la-sociedad-frente-al-espejo-133506

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