HUMANIDADES 21

La mejor prueba de amor: reconocer al Otro

Tany Giselle Fernández Guayana

Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Especialista en Desarrollo Personal y Familiar. Licenciada en Pedagogía Infantil. tany.fernandezg@gmail.com

 

 

Bien dice el adagio popular que el amor “supera toda barrera” o “es la fuerza más grande que existe”, y tal vez sea verdad. Desde mi experiencia como maestra y académica en distintos niveles: preescolar, primaria, bachillerato y universitario, he concebido las prácticas de mirar a los ojos, hablar con dulzura, brindar un abrazo y estar presente, como maneras de demostrar que otros me importan. No obstante, nunca llegué a imaginar que estas otras formas de educar fueran una prueba de amor: la de reconocer al Otro.

 

La Teoría del Reconocimiento de Axel Honneth, llega entonces para hacer en mí el ‘efecto Buñuel’: llega para cortar la tela que estaba limitando mis horizontes de sentido. Es así como logro vislumbrar que las manifestaciones del quehacer del maestro se resumen en el amor: la acogida, el cuidado y la hospitalidad. Los educadores no sólo nos dedicamos a dictar clase como si no nos afectara los que sucede fuera de nosotros mismos. Ser maestro es toda una aventura de transformación, de metamorfosis, es un ejercicio que conlleva cambios en la materia tanto intelectual, afectiva, comportamental y espiritual. Depende de nosotros dejarnos tocar por la epifanía del rostro del Otro y así co-construir otros mundos.

 

De hecho, en eso consisten las teorías que intentan rescatar el valor de lo humano. Así como Honneth, son también Emmanuel Lévinas con la Fenomenología Ética y Jacques Derrida con la Hospitalidad, quienes, a través de lenguajes diferentes, apuntan a un mismo fin: establecer espacios de “proximidad para hacerse cargo del Otro” (Lévinas, 2014, p.14). Amar entonces transita por los senderos de la presencia, del estar presente en un aquí y en un ahora con el Otro, por el Otro y para el Otro: reconocer al Otro.

 

En ese sentido, amar transita los caminos que recuperan la dignidad del Otro como terea de lo humanizante (Pérez Esclarín, 2007, p.47):

 

…la principal tarea de la humanidad es producir más humanidad. Lo principal no es producir más riqueza o desarrollo tecnológico, todas esas cosas que no son por otra parte, desdeñables, sino que lo fundamental de la humanidad es producir más humanidad, es producir una humanidad más consciente de los requisitos del ser humano (Pérez Esclarín, 2007, p.47).

 

Reconocer, supera entonces el plano de lo ideológico (López, s.f.) para abrirle camino a las identidades diversas, donde la dedicación y vinculación emocional se convierte en la promesa que se tiene con Otro (Tello, 2011). Aquí es donde los maestros debemos tomar conciencia, porque a diario, nos encontramos con otros que permanecen fuera de nosotros y, por tanto, nos cuestionan (Losada, 2005). Reconocer al Otro, demanda en nosotros una responsabilidad: “pasar a la otra orilla”, situarnos en la realidad del otro para hacer posible el alumbramiento de una nueva criatura (Arendt, 1996).

 

Amar entonces: “consiste precisamente en decir ‘sí’, al recién llegado, antes de cualquier determinación, antes de cualquier anticipación, antes de cualquier identificación” (Derrida, 2000, p.81). De lo contrario, al recibirlo bajo restricciones, la educación sería un acto de intercambio o una relación comercial (Derrida, 2000, p.81) o como lo menciona Kortanje (2009, p.1) “un acto de violencia”.

 

Es así como con el Otro, nuestro quehacer cobra mayor sentido y el amar, se establece en la tarea primordial de todo educador. Reconocer a otros “constituye un acontecimiento de orden ético dentro del cual se encuentra una relación, es decir, la presencia de un otro que nos trasciende y frente al cual se tiene la obligación de asumir una responsabilidad incondicional más allá de todo contrato posible o reciprocidad” (Mèlich, 2014, p.43). Reconocer al Otro, se convierte entonces en el mejor acto de amor que podemos ejercer como maestros, allí aceptamos que los otros no reclaman de nosotros que seamos como ellos, sino que, “en la diferencia, puedan ser reconocidos dándoles legitimidad a su palabra” (Skliar, 2002, p.91).

 

Referencias:

  • Arendt, H. 1996. Entre el pasado y el futuro. Barcelona: Península.
  • Derrida, J. (2000). La hospitalidad. Buenos Aires, Argentina: Ediciones de la Flor
  • Kortanje, M. (2009). La hospitalidad en Jacques Derrida. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. N.22
  • Lévinas, E. (2014). Alteridad y trascendencia. España: Arena Libros
  • López Ladino, G. (s.f). El reconocimiento desde Axel Honneth. Disponible en: www.uniquindio.edu.co/descargar.php?idFile=18017
  • Losada Sierra, M. (2005). La responsabilidad para con el otro: una mirada crítica a occidente. Universitas Pshilophica. Vol.44. pp. 39-62
  • Mèlich, J.C. (2014). Lógica de la crueldad. Barcelona: HERDER EDITORIAL
  • Pérez Esclarín, A. (2007). Educar para humanizar. España: NARCEA S.A Ediciones
  • Skliar, C. (2002). ¿Y si el otro no estuviera allí? Notas para una pedagogía (improbable) de la diferencia. Argentina: Miño y Dávila.
  • Tello Navarro, F. (2011). Las esferas del reconocimiento en la teoría de Axel Honneth. Revista de Sociología. N.26, pp. 45-57

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