Julio, 2021


El lenguaje generativo y performativo: comprendiendo humanidades, territorios y prácticas

Tany Giselle Fernández Guayana(1)

En colaboración con Stefanía Bernal Restrepo(2)

ANA JIMENA GIRALDO(3)

María Fernanda Hincapié(4)

Claudia Liliana Sánchez Sánchez(5)

Érika Sepúlveda(6)

(1) Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Especialista en Desarrollo Personal y Familiar. Licenciada en Pedagogía Infantil. tany.fernandezg@gmail.com

(2) Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Comunicadora Social y Periodista. stefania.bernal.restrepo@gmail.com

(3) Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Licenciada en Pedagogía Infantil. jimenitagiraldor@gmail.com

(4) Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Psicóloga. mhincapie.90@outlook.com

(5) Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Psicóloga. lilosan24@gmail.com

(6) Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Socióloga. erika.sepulveda28@hotmail.com

 

 

Parece que nada escapa al lenguaje. Las múltiples realidades que sobre nosotros habitan no están dadas, por el contrario, son construidas por factores culturales, que antes que ser ingenuos, han sido filtrados por mecanismos de poder que logran crear y articular realidades. Somos lenguaje. Todo lo que nosotros terminamos construyendo como sentido tiene que ver con la intervención sobre las cosas que se producen a través del lenguaje. El lenguaje con el cual intervenimos las realidades es un lenguaje que no es propio, por tanto, ninguna de las palabras las inventamos nosotros, ni mucho menos le damos un significado. Parece que el lenguaje nos habla. Alguna vez nos hemos preguntado si un libro es realmente un libro, ¿hemos tenido dudas sobre ello?, ¿hemos cuestionado el uso de un tenedor?, ¿hemos imaginado otros usos posibles?  Esto hace parte del proceso de comunicación, para que este proceso se haga efectivo es necesario que se compartan signos y significados semejantes a fin de codificar y decodificar mensajes provistos de sentido que permiten imaginar o entender lo que otra persona está expresando, para esto nos valemos del lenguaje como sistema de signos y de ciertos códigos, logrando así dar sentido a nuestras manifestaciones. El sentido es entonces un sistema de representación que se construye mediante la significación, es decir, en las prácticas comunicativas que producen sentido.

 

De acuerdo a lo anterior, el lenguaje nos antecede y ejerce una fuerza coercitiva sobre nosotros, constituyendo lo que Berger y Luckman (1966) denominan nuestro acervo cultural; no obstante, el lenguaje es a su vez un sistema de acción, lo que implica equiparar la infinitud de la actividad humana a la capacidad generativa del lenguaje. En territorios multiculturales como Colombia y por consiguiente Latinoamérica, de donde emergen saberes con una vasta diversidad y verdades locales, urge reconocer el carácter generativo y performativo del lenguaje como vía para comprender la naturaleza polisémica de las realidades sociales que nos acontecen y agenciar prácticas discursivas que permitan la reelaboración y creación de nuevas realidades de bienestar no excluyentes. Cabe resaltar que la irrupción de la tecnología ha modificado radicalmente las prácticas sociales, en tanto ha despojado en gran medida al ser humano no solo de la interacción cara a cara, sino también de la conciencia de otros, socavando la posibilidad de encuentro como escenario para el diálogo, a partir del cual ambos tienen acceso directo a sus subjetividades, o un “mejor conocimiento del otro”. (Berger y Luckman, 1966: 54) Bajo este panorama, para la construcción de condiciones sociales más igualitarias, es necesario retomar la premisa de que el hombre se está produciendo constantemente, por tanto, las condiciones en las que vive también lo hacen, en otras palabras, el hombre puede crear su propia realidad y las realidades de otros al reconocer que dichas construcciones discurren en espacios intersubjetivos dialógicos, como sustrato para la creación o transformación de la realidad.

 

Ante tal mirada, en nuestro país, por ejemplo, se hace imprescindible darle nuevos rumbos al lenguaje que habitamos. En estos momentos de transición, no basta con utilizar el lenguaje como medio descriptivo de la realidad, hace falta responsabilizarnos de su capacidad generativa para co-construir los colombianos que queremos llegar a ser. De acuerdo con Echeverría (2003, p.22) “el lenguaje crea realidades”, ya que en la medida que nos manifestamos, se altera la realidad. Por consiguiente, el lenguaje demanda del establecimiento de relaciones solidarias a fin de: 1) comprender el discurso histórico. 2) construir sistemas sociales más humanos. 3) forjar las identidades. 4) concebir colectivos. 5) propiciar acciones comunes consensuadas y 5) crear otras narrativas de vidas. Así entonces, se requiere de un “lenguaje del devenir” (Op.Cit, p.38), donde, las relaciones entre unos y otros, transformen el sentido de vivir juntos. El reto del lenguaje en los ciudadanos colombianos hoy, y también de los demás países latinoamericanos, consiste en ser capaces “del diseño de nuestras vidas, de nosotros y del mundo” (Ibid, p.39).

 

Otro ejemplo de los lenguaje que transforman es lo expuesto por una comunidad indígena al final del corto “Bicercenario en dependencia, Rameros de la dependencia” el cual dice:  “Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, y hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente”.  Esté se convierte en la clara representación del lenguaje performativo, resaltando el valor del respeto por la palabra, lenguaje que es una forma de describir sucesos políticos, a través de palabras o expresiones que no describen tácitamente una realidad, sino que realiza una acción, un lenguaje que no utiliza las palabras como resultado de una contemplación, se enfatiza más bien en la representación simbólica de contenidos o elementos, de reflejar esa realidad externa al sujeto, usando palabras para actuar sobre y en una realidad intersubjetiva, que a partir de esa acción se vuelve humana.

 

Es así como el lenguaje nos permite ser y hacer desde múltiples posibilidades, no solo desde la palabra sino también desde la acción como medio de comunicación; acción que como acto político no pretende generar igualdades ni homogeneidades, sino pensarse desde la existencia de la diferencia en medio de lo diverso sin afectación alguna. Una forma de lograrlo es por medio de la hermenéutica performativa (Alvarado, Gómez, Ospina-Alvarado & Ospina, 2014), la cual es vista como un espacio de comprensión ante la forma de habitar en el entorno y en el mundo, es así como llevar a lo público las voces invisibilizadas es una constante en este enfoque, puesto que el lenguaje estará siempre implícito en la acción que se ejerce desde la habilidad de comunicarnos.

 

Con el preámbulo señalado, se llega al punto de ratificar el lenguaje como la mayor muestra sustentable de las condiciones humanas diversas, sociales, corporales y emocionales que permiten construir relaciones con el otro y con lo otro. Un lenguaje que habla de humanidades inscritas en territorios y contextos socio-históricos que van delineando modos de estar siendo y de solidificar horizontes de sentido. Es el lenguaje la forma de comprender el mundo, de hacer inteligible el entre nos y de hacer posible la construcción de tejido social. En palabras de Gergen (2007) “Cuando uno habla, simultáneamente se involucra en la construcción del mundo” (p. 127).

 

En esta línea, de construir la mirada del lenguaje pasivo y tradicional, ha permitido la reflexión individual y colectiva aterrizada en nuestros entramados de acción y de devenir continuo. Las expediciones investigativas son las que hablan de realidades distintas, las cuales han estado silenciadas por la hegemonía que ha colonizado lenguajes y formas de habitar el mundo. Así desde la educación, la sociología, la comunicación, la psicología y el trabajo social se hace una apuesta por leer cuerpos en el marco de la diversidad funcional,  reivindicar el cine-foro para transformar lenguajes, comprender las emociones como referentes subjetivos de nuestras infancias,  vislumbrar a los docentes que se comprometen con la alteridad y dimensionar a la universidad pública como una oportunidad de agenciar pensamiento crítico. En conclusión,  repensar el lenguaje encaminado en la pregunta por lo humano y por lo social, es una invitación necesaria para quienes participamos junto con las comunidades en la consolidación de realidades y discursos otros que hablen de experiencias, de territorios y de propuestas cimentadas en red.

 

Referencias Bibliográficas

  • Alvarado, S. V.; Gómez, A.; Ospina-Alvarado, M. C. & Ospina, H. F. (2014). La hermenéutica ontológica política o hermenéutica performativa: una propuesta epistémica y metodológica. Revista Nómadas, (40), pp. 207-220.
  • Berger, L P., Luckman, T. (1966). La Construcción Social de la Realidad. Buenos Aires: Amorrortu Editores S.A.
  • Echeverría, R. (2003). Ontología del Lenguaje. Chile: JCSáez Editor. 
  • Gergen, K. (2007). Construccionismo social, aportes para el debate y la práctica. Bogotá, D. C.: Universidad de los Andes, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Psicología, Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales.
  • Video “Bicercenario en dependencia” que encuentran en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=5CvPnAsNC2E 

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