Marzo, 2020

Enseñar a los niños y niñas a amar en vez del extremismo radical (homenaje a la mujer)

Tany Giselle Fernández Guayana

Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Especialista en Desarrollo Personal y Familiar. Licenciada en Pedagogía Infantil. tany.fernandezg@gmail.com

 


 

El día de la mujer es una fecha a nivel mundial destacada por la reivindicación de los derechos de las personas del sexo femenino. Es fiesta nacional en varios países del mundo y, por lo tanto, familias y parejas se reúnen a fin de brindar regalos y atenciones a las mujeres que los rodean. No obstante, esta fecha trasciende los escenarios comerciales. Lamentablemente todavía se presentan casos de feminicidios y violencia contra la mujer, pero más grave aún, se están presentando extremismos que hacen de los sexos femenino y masculino, una lucha constante por el poder. Hoy día, los hombres también sufren de violencia por parte de las mujeres. Y nuestros niños y niñas no están excluidos de esta realidad.

 

Por consiguiente, se hace necesario, desde la infancia, desvelar la importancia que tiene cada sexo en la sociedad sin que esto genere riñas ni abusos de poder. Se hace relevante trabajar desde todos los escenarios que rodean la infancia (familia, escuela, medios de comunicación etc) romper los paradigmas y estereotipos, así como las concepciones extremistas como el machismo, el patriarcado, el matriarcado y el feminismo que hacen de la convivencia humana una polarización.  

 

Sobre el día internacional de la mujer

Específicamente este día (8 de marzo) conmemora a la mujer trabajadora como una luchadora por su participación dentro de la sociedad y su emancipación como persona íntegra. Las Naciones Unidas en el año 1975 institucionaliza este día con el nombre de: Día Internacional de la Mujer.

 

“A mediados del siglo XIX en plena revolución industrial, el 8 de marzo de 1857, miles de trabajadoras textiles decidieron salir a las calles de Nueva York con el lema 'Pan y rosas' para protestar por las míseras condiciones laborales y reivindicar un recorte del horario y el fin del trabajo infantil.

 

Fue una de las primeras manifestaciones para luchar por sus derechos, y distintos movimientos, sucesos y movilizaciones (como la huelga de las camiseras de 1909) se sucedieron a partir de entonces. El episodio también sirvió de referencia para fijar la fecha.

 

Sin embargo, el capítulo que desató la conmemoración fue el incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York el 25 de marzo de 1911. Un total de 123 mujeres y 23 hombres murieron. La mayoría eran jóvenes inmigrantes de entre 14 y 23 años. Según el informe de los bomberos, una colilla mal apagada tirada en un cubo de restos de tela que no se había vaciado en dos meses fue el origen del incendio. Las trabajadoras y sus compañeros no pudieron escapar porque los responsables de la fábrica habían cerrado todas las puertas de escaleras y de las salidas, una práctica habitual entonces para evitar robos. 

 

Al no poder huir, muchas de las trabajadoras saltaron a la calle desde los pisos octavo, noveno y décimo del edificio. La mayoría de las víctimas murieron por quemadurasasfixia, lesiones por impacto contundente o una combinación de estas causas (elperiódico.es, 2020)

 

Como nos podemos dar cuenta con este suceso, no sólo fueron las mujeres quienes salieron afectadas ante semejante acto de homicidio y abuso de poder. A pesar de que las cifras son menores para los hombres, fueron los dos sexos quienes salieron perjudicados. Simplemente personas trabajadoras que deseaban unas mejores condiciones laborales.

 

Niños y niñas que no repitan la historia

Hoy día los niños y niñas están rodeados de comportamientos de los adultos que, sin ser conscientes, refuerzan estereotipos que pueden reflejarse en comportamientos extremistas. Por ejemplo: no permitirles a los niños llorar porque parecen niñas, que las niñas no jueguen con carros o discriminar los colores para que según el sexo puedan ser utilizados: rosa para las niñas y azul para los niños.

 

Dado el comportamiento adulto y la dificultad para trabajar en la abolición de estos comportamientos ya aprendidos, se estableen a continuación una serie de estrategias para padres de familia y educadores que podrían facilitar la formación de niños y niñas justos y equitativos:

 

En primer lugar: el ejemplo. “Los hijos aprenden del hogar una parte esencial de su ética. En los valores nos parecemos a nuestros padres. Los hijos aprenden de la manera como los padres tratan a sus esposas, hermanas e hijas, como se refieren a otras personas”. (de Zubiría, J. citado por Granja, 2018). Por consiguiente, es nuestro deber de adultos enseñarles que hombres y mujeres merecen un trato igualitario y siempre respetuoso. Con acciones concretas debemos demostrarles que los hombres no tienen ningún derecho a tratar mal a las mujeres y hombres (RPP noticias, 2019) así como las mujeres tampoco deben irrespetar a los hombres y a las mujeres.

 

En segundo lugar: permitirse vivir y expresar las emociones. “Es necesario darle a nuestros niños y niñas espacio para la emoción y la sensibilidad. Está bien llorar, sentirse frustrado, está bien a veces no saber qué hacer, está bien a veces no sabérselas todas... Eso es muy importante para los niños, que se conecten con las emociones y no estén todo el tiempo demostrando que tienen que ajustarse a la versión tradicional de la masculinidad o feminidad” (Granja, 2018).

 

Tercero: reconocer el capital histórico. “Educar a un hijo o hija para que sea consciente de que en la historia han existido discriminaciones y violencias que no pueden permitirse, que degradan la dignidad de las personas y, en consecuencia, degradan la dignidad de la sociedad. Es criar a un hijo consciente de que las cosas se pueden transformar, de que tienen un rol en esa transformación; es educar a un hijo que hace cambios en la vida cotidiana. También es educar a un hijo que es consciente de otras discriminaciones, que tienen que ver con la raza, el origen geográfico y el pensamiento” (Gómez, D. citado por Granja, 2018).

 

Cuarto: las labores compartidas. “Las tareas del hogar corresponden a todos los miembros de la familia. Es importante que los hijos e hijas vean que ambos padres colaboran con ellas. Debemos involucrarlos en ellas y eliminar las creencias acerca de los roles definidos para los hombres y las mujeres en las tareas domésticas. Se trata de fomentar un ambiente de equipo, en el cual todos colaboren en cualquier tipo de actividad” (RPP noticias, 2019).

 

Como quinto: fomentar el pensamiento crítico. Cuando percibamos situaciones extremistas o de desigualdad, debemos invitar a nuestros niños a reflexionar sobre ello. Explicarles no es suficiente, ellos también deben aprender a cuestionar los estereotipos que se reproducen en los medios de comunicación o incluso con compañeros de colegio. Todo esto fomentará que crezcan con una visión más igualitaria y completa, haciendo que cuando crezcan, sean capaces de identificar los diferentes tipos de violencia y así, rechazarlos (RPP noticias, 2019).

 

Finalmente: enseñar a elegir la compañía de las personas que nos tratan bien. Debemos orientar y apoyar a nuestros niños y niñas para que expresen lo que aprueban y rechazan, con mensajes como: “No me gusta que me hagas o me digas esto”, es así como los pequeños pueden poner límites desde una temprana edad a los comportamientos que son violentos y que no les hacen sentir bien. De esta manera, se fomenta que busquen la compañía de personas que les aportan bienestar (Pinedo, 2018).

 

Conclusión: enseñar a amar

Dado lo anterior, la enseñanza del respeto por el Otro consiste en construir una generación respetuosa de la diferencia, que reconoce que debemos saldar la deuda histórica con las mujeres sin generar odio por los hombres. “Un hijo criado así es un sujeto que además reconoce que en la diversidad está la riqueza de una sociedad” (Granja, 2018)

 

Enseñar a amar desde los primeros años de vida es criar en la cooperación y no en la competencia. Por lo tanto, no se trata de educar machistas o feministas extremos, sino formar a seres con una identidad definida y con valores humanos que sepan darse a los demás por su valor intrínseco como personas.

 

Referencias


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