REFLEXIONES: El trabajo y desarrollo

el desarrollo no viene de la mano del trabajo

Tany Giselle Fernández Guayana

en colaboración con liliana sánchez

Candidata a Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Especialista en Desarrollo Personal y Familiar. Licenciada en Pedagogía Infantil.

  tany.fernandezg@gmail.com

 

 

Introducción

Es cierto que el desarrollo es una de las metas finales de todo país ya que propende su potenciamiento y crecimiento a nivel económico, político y social. En el mundo actual, son las políticas económicas las que están determinando, de manera estandarizada, lo que se entiende por desarrollo y quienes no cumplan esos requisitos, serán estigmatizados como subdesarrollados. Es por eso, que los enfoques liberalistas, propenden el desarrollo de las naciones a través del trabajo como medio predilecto y exclusivo, para lograr la productividad.

 

No obstante, el trabajo no es la única vía que conduce al desarrollo, de hecho, son varios los espectros y miradas que tiene este enfoque y todos, a su vez, desembocan en una misma conclusión: el desarrollo es inherente al ser humano, por consiguiente, abarca todas las dimensiones que lo componen, no sólo el campo laboral. De manera que: el desarrollo no llega de la mano del trabajo.

 

Miradas del desarrollo

El término desarrollo ha sido abordado por varios enfoques hasta el punto de ramificarse de la siguiente manera: desarrollo psicológico, desarrollo biológico, desarrollo económico, desarrollo sustentable, desarrollo personal entre otros. Este abarca la totalidad del ser humano y a su vez, se especializa para atender con mayor profundidad los elementos que le conforman.

 

Desde la psicología, el desarrollo es entendido como el culmen de la madurez bio-psico-afectiva-social a partir de niveles. Por parte de la filosofía, el desarrollo se concibe como la construcción humana a partir de la cotidianeidad posibilitando la producción de material, el establecimiento de redes y la construcción de lo simbólico que en gran medida permiten la comunicación (Heller en Prior y Rivero, 2015). Incluye, además, la potenciación de los hábitos, la praxis, la educación de los afectos y la experiencia, con el fin de lograr un equilibrio entre el afecto y la razón.

 

A partir de la economía, desarrollo es definido como la satisfacción de necesidades para garantizar el bienestar de los sujetos; sus ideales se orientan al logro de metas, a la satisfacción de necesidades políticas-culturales y a la articulación de la democracia con la participación civil (Salazar, 2018) donde se cobijan las necesidades básicas de: salud, movilidad, educación, participación entre otras. Así entonces, desarrollo se define como “una capacidad que los países crean para afianzar su riqueza a fin de mantener la prosperidad y bienestar económico y social de sus habitantes” (Zareto, Luis, 2001).

 

El trabajo para el desarrollo

Según la economía clásica el trabajo es necesario para el desarrollo:

 

“El crecimiento a largo plazo logra mejorar las condiciones de vida de las personas debido al aumento en la demanda del trabajo, que tiene efectos positivos en el empleo y en los salarios, aunado con la disminución de los precios de bienes y servicios a casusa de aumentos en la oferta de productos” (Durán, p.2).

 

El trabajo es un medio por el cual se determinan los procesos acumulativos, la oferta y demanda de productos/servicios que requieren de personas que los ofrezcan (trabajadores) y a su vez, de personas que los compren (los mismos trabajadores). Al aumentar el empleo hay mayor productividad y con ello, aumento en los salarios. Por tanto, al hacer una distribución estable se aumenta la totalidad de los ingresos a un ritmo estable, reduciendo así la pobreza (Salama, 1998).

 

En la medida que se posibiliten mayores oportunidades de empleo formal, los trabajadores aportan impuestos al Estado, quien tiene el deber de distribuirlos en los diferentes servicios que hacen parte de los derechos de los ciudadanos: salud, educación, recreación y deporte entre otros.

 

La paradoja del trabajo y el desarrollo: la pobreza

Lamentablemente, la evolución del trabajo puede verse frenada debido a que su crecimiento no se determina de manera homogénea en la totalidad de los ingresos, eso quiere decir, que no todos los trabajadores tendrán un mismo aumento económico, abriendo paso a las brechas sociales y a la desigualdad. En algunos gobiernos, al ver la poca capacidad que tiene el crecimiento en disminuir la pobreza, se basan en teorías que aumentan el déficit público relegando las inversiones en infraestructura y competitividad del sector productivo (Durán, 2007).

 

El trabajo sigue siendo considerado como el elemento más importante de la vida de las personas y no se oponen por las siguientes razones: hay un drástico empeoramiento de las condiciones de protección social al no

tener trabajo (Berardi, 2003). A causa de ello, habría menor poder adquisitivo para subsistir y habría menor goce de la experiencia. “El dinero, la cuenta bancaria, el enriquecimiento económico” (Berardi, 2003, p.66) hacen parte de la ideología de la new economy que convierte el dinero en la felicidad. Por lo tanto, si no se tiene dinero, se es pobre, y al ser pobre no hay “disponibilidad de medios que permiten consumir, tener crédito ni poder” (Berardi, 2003, p.66).

 

Por consiguiente, para lograr los ideales de estabilidad, se requiere de tiempo para dedicarle al trabajo olvidando que la vida no sólo radica en ello. La adquisición produce riqueza, pero en la medida que se centre la vida en la adquisición y en el ansia, poco tiempo habrá para disfrutar de las mismas. Eso significa “que es necesario reducir el tiempo del goce, de la experiencia, en pocas palabras, de la vida” (Freud en Berardi, 2003, p.67).

 

Lo contrario a desarrollo

Se dice que el crecimiento acelerado y constante de las naciones, produce pobreza (Salama, 1998) debido a que pocas son las ofertas de trabajo que existen y bastante la demanda para lograr trabajar, especialmente en los países latinoamericanos donde las políticas liberalistas están al mando. Al haber entrada libre de multinacionales y empresas extranjeras estandarizadas, las empresas locales quedan imposibilitadas de lograr los requisitos para mantenerse. Para ellos es imposible estar a la vanguardia y entrar al mundo competitivo.

 

De igual manera, algunos gobiernos interrumpen de manera significativa las inversiones que pueden hacer más eficientes el sector productivo y minan la capacidad para crecer a través de aumento de impuestos y disminuciones en las subvenciones para producir y comerciar. “En este caso, el resultado final es la disminución de la inversión y del crecimiento económico” (Durán, 2007), generando así, problemas de desempleo y aumento significativo de la pobreza coyuntural (aquella que depende de las condiciones de producción y empleo de la economía).

 

Dado lo anterior, la liberación de los mercados limita a las empresas locales a sostenerse a causa de los costos elevados de los insumos, los impuestos y la tecnología que se requiere para llegar “a la talla” de los pulpos económicos. Con todo esto, se propende a mayores brechas económicas por la inflación y el aumento de empleos informales o subempleos, los cuales, no generan ningún ingreso (impuesto) al Estado.

 

El hecho de considerar que el desarrollo no se logra a causa de la pobreza pertenece a una visión tradicionalista, donde se sustenta que el beneficio que obtienen las personas es por el consumo de bienes y servicios. Un país no se desarrolla porque al haber pocos ingresos por el poco trabajo, se genera una carencia de recursos para adquirir la canasta básica mínima que permita la eficiencia física (p.115). Sin embargo, la pobreza no puede ser considerada como un fenómeno instrumental, de consumo o de ingresos, éste conlleva las otras ramas que la conforman:

 

Fuente: Narayan y otros (2000, p.20). Banco Mundial.

 

Si no hay desarrollo a causa de la ausencia de trabajo, no hay desarrollo por causa de la pobreza, y tampoco hay desarrollo porque la pobreza incluye: organizaciones débiles, comportamiento de desprecio y abuso de los más poderosos, falta de protección y paz espiritual, exclusión, aislamiento, relaciones desiguales, hambre, enfermedad, agotamiento, falta de información y educación.

 

Como lo menciona Durán (2007, p.5): “algunos economistas asumen como meta aumentar el crecimiento económico, disminuir la inflación, aumentar el empleo y mejorar la productividad y la eficiencia de las empresas dejando de lado el objetivo fundamental de todo sistema económico: que todas las personas vivan en condiciones dignas, que les permitan mejorar cada vez más su calidad de vida”. Las Naciones Unidas afirman que “el objetivo básico del desarrollo es crear un ambiente propicio para que los seres humanos disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa”, la cual es olvidada por la preocupación inmediata de acumular bienes de consumo y riqueza financiera.

 

En este sentido, Pnud (en Durán, 2007) entiende el crecimiento económico como una herramienta indispensable, aunque insuficiente para el desarrollo “dado que el desarrollo humano se consolida en términos de acceso a otros bienes y servicios como la educación, salud, una adecuada vivienda entre otros” (en Durán, p.6). Así entonces, el desarrollo no llega de la mano del trabajo.

 

Esos otros elementos que posibilitan el desarrollo

Lo que se ha desconocido hasta el momento, es que el desarrollo, requiere tener en cuenta los otros puntos de vista como: el enfoque de capacidades, el empoderamiento y vulnerabilidad (Cuenca & Chavarro, 2008).

 

Enfoque de capacidades

De acuerdo con Sen (1999) el nivel de desarrollo se logra en la media que los individuos desarrollen sus capacidades y no por la cantidad de bienes que se poseen o por la utilidad obtenida por ellos. Por lo tanto, la privación de capacidades y la falta de renta influyen en el desarrollo.

Empoderamiento

Si una nación no logra que sus individuos sean protagonistas de sus propios cambios, difícilmente habrá desarrollo.

Vulnerabilidad

Entre más familias se encuentren en estado de indefensión y endebles a catástrofes naturales, a violencia e inseguridad, a deficiente alimentación y sujetos a la pérdida del trabajo, más se alejará un país del desarrollo.

 


El desarrollo va de la mano del desarrollo social más que del trabajo

Caso expuesto por Berardi (2003, p. 50):

 

“En los años sesenta y setenta, precisamente cuando el sistema industrial alcanzaba su punto culminante y hacía real la perfección del modelo fordista, repetitivo y mecánico, el sentimiento obrero de rechazo del trabajo industrial y de sentirlo como ajeno se fundió con un filón cultural que hacía de la alienación su elemento crítico esencial. En su significado filosófico, alienación significa pérdida de la propia autenticidad humana e intercambio de cuanto de humano hay en hombres y mujeres con algo materialmente valorable, como el salario, el dinero, los objetos de consumo. Filosofías de origen idealista y de influencia existencialista se difundieron ampliamente en los movimientos de contestación de aquellos años. Éstas consideraban al capitalismo como la causa de una alienación que arrebataba a las personas su autenticidad humana y que les daba a cambio la posibilidad de participar en el circuito de las mercancías. Por ello, estas filosofías señalaban como objetivo político principal la conquista de una condición social en la que el trabajo productivo y la realización de uno mismo fuesen la misma cosa.

En los años setenta los movimientos feministas, juveniles y homosexuales se reconocieron en la idea de que «lo personal es político». En la lucha social, querían decir, no sólo está en juego el poder político y el gobierno de la república. Están también en juego, en primer lugar, la calidad de la vida cotidiana, el placer y el sufrimiento, la realización de uno mismo, el respeto a la diversidad: está en juego el deseo que actúa como motor de la acción colectiva. Una revista que tuvo cierta influencia en los movimientos juveniles de los años setenta, llamada A/traverso, tituló uno de su número «la felicidad es subversiva cuando se vuelve colectiva». El movimiento del 77, en su versión italiana, colorista y creativa, y en su versión inglesa punk, gótica e inquietante, se fundaba en una intuición: el deseo es la fuerza que pone en movimiento todo proceso de transformación social, todo cambio del imaginario, todo desplazamiento de la energía colectiva. Sólo a partir del deseo se explican el rechazo obrero del trabajo asalariado, el rechazo a someter la propia vida a los ritmos de la cadena de montaje, el absentismo, el sabotaje.

La aparición, en aquellos mismos años, del valor político de la felicidad y de la autorrealización personal está ligada al rechazo de y a la imposibilidad de soportar el modo de producción industrial, que ya aparecía como maduro y decrépito en su perfección técnica y funcional. En esa situación, la individualidad rica y consciente, capaz, por fin, de liberación y autonomía productiva y cultural, se alejaba con rabia de la ideología sacrificial y de la ética del trabajo. El trabajo es denunciado como pura ejecución repetitiva y jerárquica, carente de inteligencia y de creatividad. Así pues, en ese movimiento, la ideología de la felicidad cumplió un papel poderoso de disgregación”.

 

El anterior caso, deja entrever que el desarrollo no requiere del trabajo porque desarrollo no sólo hace referencia a la economía y a la producción, de hecho, va mucho más allá. No puede haber desarrollo si el trabajo ofrece bajas condiciones, si sus salarios no son justos, si el tratamiento es deshumanizado. No puede haber desarrollo si se les trata a todos los trabajadores de manera homogénea dejando de lado sus características particulares; no puede haber desarrollo si sólo se pretende de las personas obtener beneficios particulares, si se les trata como objetos. No hay desarrollo si las políticas pretenden quitar la identidad y volver a las personas máquinas que no piensan, ni oyen, ni entienden. Y no hay desarrollo si no se generan las condiciones necesarias para asegurar el bienestar de la población en aras de la satisfacción de sus necesidades y mejoramiento de su calidad de vida.

 

Berardi (2003) manifiesta que el desarrollo hace referencia a la innombrable “felicidad”, a todo aquello que desea el hombre y a lo que está llamado a ser (Aristóteles) pero que le es inalcanzable. Al momento que el hombre tiene acceso a la cultura se elimina y destruye la propia idea de felicidad. Ese es el caso del modelo capitalista de la economía, donde lo que se acumula es el place no vivido, el placer sublimado, aquel deseo que debe ser sacrificado para dejar espacio al desarrollo de la economía (Batalle y Freud, citado por Berardi, 2003). Con el trabajo, toda persona debe sacrificarse en cuerpo y espíritu con tal que los pulpos económicos, a cuesta del tan anhelado desarrollo, logren potenciarse sin importar las condiciones en las que se encuentren sus trabajadores y la ciudadanía.

 

Es por eso que se estipula el desarrollo se logra en la medida que se mejora el crecimiento económico acompañado de un mayor desarrollo social, no sólo con el primero. El desarrollo social determina en términos de acceso los bienes y servicios que mejoran las condiciones de vida de las personas en general (Pnud en Durán,2007, p. 7).

 

Así entonces, para lograr el desarrollo, los gobiernos podrían invertir en infraestructura, productividad, vías de comunicación entre otros, mejorando la competitividad de las regiones para generar crecimiento económico. También se ampliarían las inversiones aumentando la demanda, la producción y el empleo formal. Se desarrollarían programas y acceso a bienes y servicios menos costosos (Durán, 2007).

 

Conclusión

“Una sociedad no necesariamente es desarrollada porque disponga de abundantes capitales, sino en cuanto haya logrado expandir las potencialidades de los sujetos que la conforman, ampliando el campo de

sus actividades productivas, comerciales, tecnológicas, culturales, científicas, etc. Ello requiere bienes y servicios económicos concretos y una adecuada dotación de recursos materiales y financieros; pero más importantes que ellos son el desarrollo de las capacidades humanas, el aprendizaje de los modos de hacer las cosas, los conocimientos científicos y tecnológicos disponibles y su grado de difusión en la sociedad, las energías sociales y comunitarias que puedan ser desplegadas tras objetivos compartidos, la acumulación de informaciones crecientemente integradas, la organización eficiente de las actividades, por parte de los sujetos que han de utilizar los recursos disponibles” (Razeto, 2001, p.11).

 

Así entonces, más que factores materiales y financieros, el desarrollo requiere de la formación de nuevos comportamientos, de una ética de responsabilidad individual y social. se requiere de hábitos de trabajo y método de conducción, de organización social y de aprendizajes que posibiliten la pluralidad de las relaciones humanas. Bajo la excusa del desarrollo nadie puede atentar contra la dignidad de las personas.

 

Más que un aumento de riqueza y de ingresos, el desarrollo tiene como objetivo principal el desarrollo del ser humano. Y eso se logra desde la libertad política social donde se integra al individuo como sujeto creativo y productivo que puede disfrutar de sus derechos como ser humano, sin limitarse a factores materiales y financieros.

 

Ante lo anterior, se puede evidenciar que el desarrollo abarca mucho más que el campo económico:

 

DESDE EL TRABAJO

 

El trabajo es acción y medio. Para que un país se desarrolle hace falta la mano del trabajador para crear los productos y ofrecerlos, hacen falta del trabajador para brindar los diferentes servicios a los cuales accede una persona tales como: salud, recreación, educación. Al haber personas trabajando en estos servicios, se logra el desarrollo vital de una nación, aunque no es el único medio.

 


DEsde la educación

 

Este es el punto de partida para recobrar el verdadero significado de desarrollo. Se requiere cambiar de paradigma frente a lo que significa pobreza, riqueza, trabajo y desarrollo. La educación será siempre el arma eficaz para lograr el potenciamiento holístico de las personas, y por tanto, de un país. Así mismo, a través de la educación resignifica la labor del trabajo, ampliando su panorama de adquisición de bienes y servicios, a una serie de aprendizajes y relaciones que van enriqueciendo la experiencia personal para así saber desenvolverse en la vida afectiva y social.

 


desde el desarrollo humano

 

El trabajo es sólo uno de los medios que ayuda a la dispendiosa tarea de: comprender las maneras particulares de ser con sentidos propios (subjetividades), la forma compartida de actuar (identidad) y la intersubjetividad (sentir colectivo) para tomar posicionamiento del mundo a través del reconocimiento del pasado y así actuar y crear nuevas condiciones de vida (Alvarado & Ospina, 2006). Para lograr entonces una resignificación y crear mundos posibles, el trabajo se queda corto, hace falta dedicarle a la educación, a las familias, a la salud, al ocio, al ejercicio, a las relaciones interpersonales etc.


 

El desarrollo es un proceso donde se amplían las oportunidades del ser humano, sus oportunidades pueden ser innumerables, no obstante, en todos los niveles de desarrollo según el PNUD (programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) existen tres de ellas esenciales: disfrutar de una vida prolongada y saludable, adquirir conocimientos y tener accesos a los recursos necesarios para obtener un nivel de vida digno. Es quizás este enfoque, uno de los que más se acerca a la realidad sobre el desarrollo, ya que se hace hincapié en el aumento de la riqueza humana en lugar del aumento de la riqueza económica y la fuerza de trabajo.

 

Referencias:

 

  • Alvarado, S., Ospina, H., Botero, P. & Muñoz, G. (2006). Las tramas de la Subjetividad política y los desafíos a la formación ciudadana en jóvenes. Revista Latinoamericana de Ciencias sociales Niñez y juventud. Online. Vol.6 No.2. pp.19-43
  • Berardi, F. (2003). La fábrica de la infelicidad. Nuevas formas de trabajo y movimiento global. Madrid: Traficantes de sueños
  • Cuenca Jiménez, N.J. & Chavarro Miranda, F. (2008) Pobreza y Desarrollo Económico: Una aproximación al análisis institucional. En Revista Semestre Económico. Vol. 11 N.22. pp. 111-147
  • Duran Ortíz, J.P. (2007). La pobreza y su relación con el desarrollo social, el crecimiento económico y el empleo: nuevas hipótesis teóricas e implicaciones prácticas. Ponencia realizada en el Seminario Semanal de Economía. Banco de la República. Colombia.
  • Prior Olmos, A. & Rivero Rodríguez A. (2015). Filosofía, historia y política en Hannah Arendt y Agnes Heller. Madrid: Ediumm
  • Razato, L. (2001). Desarrollo económico y economía de solidaridad. En POLIS Revista Latinoamericana. En línea. pp. 1- 24
  • Salama, P. (1998). Pobreza, empleo e inflación en América Latina. En Revista Nueva Sociedad. N.156. pp. 95-115

Recomendación

Si te interesa utilizar apartados de mis artículos, sólo recuerda citarme. Puedes darte cuenta que yo doy crédito cuando cito a un autor. Al fin y al cabo, muchas cosas ya están dichas, sólo que como escritores intentamos darle nueva vida a la palabras y a las ideas.

Escribir comentario

Comentarios: 0