REFLEXIONES: Guerras psicológicas

Esas otras guerras que viven nuestros jóvenes

Tany Giselle Fernández Guayana

Candidata a Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Especialista en Desarrollo Personal y Familiar. Licenciada en Pedagogía Infantil.

  tany.fernandezg@gmail.com

 

 

Ante las demandas que el mundo actual reclama a gritos, se hace imprescindible preguntarse qué papel estamos ejerciendo los profesionales de la educación para atenderlas ya que abarcan aspectos de índole espiritual-psicológico, y que, en gran medida, afectan a nuestros jóvenes.

 

En Colombia se vivió por más de 50 años la guerra con el uso de las armas, de la delincuencia, de la extorsión y la corrupción a causa de las injusticias y la inequidad. En su mayoría participaron y niños. Hoy viviendo los inicios del proceso de paz, he podido darme cuenta que, la guerra, ha trascendido a otras esferas y se hace importante estar preparados.

 

Nuestros jóvenes están viviendo guerras que atentan sus relaciones y dinámicas al interior de sus familias, amistades y pareja. La lucha que he observado en ellos abarca zonas a las cuales hay difícil acceso porque remiten a su intimidad o libertad interior. Nuestros muchachos luchan contra la guerra de la soledad, la frustración, las adicciones, la depresión, la dependencia, la frustración y la inestabilidad emocional que hacen de su transitar en el mundo una total desesperación. Nos encontramos entonces ante las guerras de difícil batalla más no de victoria.

En primer lugar, la llamada adicción a la aprobación es aquella donde se mide la autoestima en función de lo que otros piensan o dicen. Se tiende a construir el autoconcepto a partir de los comentarios, opiniones, críticas y actitudes que los demás mantienen. Con el tiempo se han absorbido distintas opiniones que al final no saben quién se es. Por consiguiente, los jóvenes se vuelven vulnerables al elogio y a la crítica y nada de lo que hacen es legítimo si otro no lo valida (Gaja, 2016, p.167).


Por otra parte, la adicción al amor ha atrapado a varios jóvenes hasta el punto de lograr que consideren que la vida sólo vale en la medida que se tiene una pareja. Por lo tanto, dejan su realización personal en manos de otro individuo volviendo el amor una necesidad y no una elección (Gaja, 2016, p.173). Sus fantasmas tienden a ser la soledad o la ruptura porque en su concepto de amor no cabe la búsqueda del bien del otro ni el sacrificio (Aristóteles).


En tercer lugar, se encuentra la adicción al trabajo/estudio donde la vida es centrada en los éxitos profesionales. A causa de esto, se desintegran las relaciones debido a que se dedica la mayor cantidad de tiempo a la producción que a los demás ámbitos de la vida. Y por si fuera poco, contrario a los demás muchachos, las vacaciones tienden a ser vistas como un martirio ya que se considera que no se es útil en la medida que no esté trabajando/estudiando (Gaja, 2016, p.178). 

 


Por su parte, la adicción al perfeccionismo ha incrementado también la infelicidad en el mundo juvenil. Se evidencia una necesidad de tener control por todo debido a la idea de que los errores son sinónimo de mediocridad más que una posibilidad para aprendizaje. De manera que hay una constante autocrítica y críticas hacia los demás generando consigo antipatía. No obstante, cuando se logra obtener un éxito, el joven no se satisface puesto que considera que pudo dar más.


 

Con este panorama que en algunas ocasiones es altamente valorado por la sociedad y las empresas (ante todo el perfeccionismo y el trabajo) se puede estar dejando de lado las implicaciones que traen consigo si no se les poner atención. De hecho, según Raimon Gaja (2016) las personas que desarrollan estos tipos de adicciones suelen desencadenar depresión y soledad porque cada vez se hace difícil compaginar con ellas. De tal manera que suelen ser rechazadas, bloqueadas, dejadas en visto (frase de mis estudiantes), olvidados e infelices.

  

Dado lo anterior, se ha hace necesario que como educadores y miembros de una familia logremos desarrollar nuestro sentido de la vista ante comportamientos reiterados que no son comunes en nuestros jóvenes. Adicionalmente, recordemos que una guerra logra sobrellevarse en la medida que se trabaja en equipo, por consiguiente, la ayuda profesional no está de más. Combatir la guerra de manera compartida utilizando como herramientas la inteligencia, el dominio de las emociones, la autoestima y el amor, en definitiva, serán los estandartes que vencerán sobre todas las cosas.

 

Referencias:

 

  •  Gaja, R. (2016). Bienestar, autoestima y felicidad. España: De Bolsillo Clave.
  • Aristóteles. (2004). Sobre el bien en general y la felicidad. En Ética a Nicómaco. España: Alianza Editorial.

Recomendación

Si te interesa utilizar apartados de mis artículos, sólo recuerda citarme. Puedes darte cuenta que yo doy crédito cuando cito a un autor. Al fin y al cabo, muchas cosas ya están dichas, sólo que como escritores intentamos darle nueva vida a la palabras y a las ideas.

Escribir comentario

Comentarios: 0