EDUCACIÓN: Desarrollo humano

La ventana de la mirada: el desarrollo humano como resignificación del mundo

Tany Giselle Fernández Guayana

Candidata a Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Especialista en Desarrollo Personal y Familiar. Licenciada en Pedagogía Infantil.

  tany.fernandezg@gmail.com

 

 

Ante las demandas que la sociedad actual expresa a gritos, se hace imprescindible replantearse qué papel estamos ejerciendo los profesionales para atender a la diversidad, la pluralidad, la integralidad, la diferencia, la equidad en oportunidades y demás necesidades que día a día surgen en el mundo. El pasado ha sido motivo de múltiples cambios para el presente, los cuales a través de las interacciones familiares, sociales, culturales, económicas y políticas han ido cursando desde la radicalidad hasta la flexibilidad absoluta. Lo cierto es que hoy no se puede concebir una sociedad exclusivamente autómata/de fábrica si no que ha de ser resignificada volcando su atención a la raíz: a lo humano.

 

De allí que, una sociedad que tiene en cuenta su surgimiento a partir de lo humano ha de poder considerarse como la sostenible para el presente y las futuras generaciones. Y eso se podría lograr en la medida que los propios sujetos y sus dirigentes tomen conciencia de la importancia de las subjetividades en relación con otras para formar colectividad a fin de construir nuevas formas de vivir en el mundo.

 

Hoy por hoy, una sociedad que brinde sus esfuerzos en todo orden al Desarrollo Humano podría minimizar a gran escala los embates como la guerra, discriminación, desigualdad, pobreza, hambruna, analfabetización y demás vicisitudes que todavía viven algunas personas. Es por eso que, para poder comprender su real importancia, es necesario hacer un recorrido por varias posturas que viajan entre lo tradicional a lo alternativo compartiendo entre ellas un mismo fin: alcanzar la maduración individual y colectiva que posibilite reconstruir el mundo en el que vive.

 

Desde la perspectiva tradicionalista se encuentran el enfoque psicológico y económico. El primero comprende el desarrollo humano como el culmen de la madurez bio-psico-afectiva-social a partir de niveles de desarrollo. Se destacan entonces las teorías postuladas por Freud con el desarrollo psico-sexual, Piaget con el desarrollo cognitivo y Kolhberg con el desarrollo moral. Cada uno establece características por las cuales el ser humano va transitando en la medida que va creciendo biológica y mentalmente (Salazar, 2018). Por lo tanto, influye el propio crecimiento y la relación con el medio lo cual podría evidenciar una mirada multidimensional de la persona.

 

Por su parte, el enfoque económico, tiende a comprender el desarrollo humano como la satisfacción de necesidades que deben ser medidas para garantizar el bienestar de los sujetos. Al respecto, sus ideales se orientan al logro de metas, a la satisfacción de necesidades políticas y culturales, y a la articulación de la democracia con la participación civil (Salazar, 2018). De manera que, desde esta perspectiva el desarrollo humano estaría cobijando las necesidades básicas: salud, movilidad, educación, participación entre otras.

 

Dado lo anterior, se podría decir que el Desarrollo Humano desde la mirada tradicionalista abarca una gran cantidad de factores que inciden en el crecimiento de una persona y una sociedad. Ambas trabajadas de manera conjunta podrían abastecer las necesidades actuales. No obstante, cada una de ellas, lamentablemente trabaja por aparte. Por consiguiente, con el cambio agigantado de la sociedad, se hace necesario atender a la humanidad de otras maneras.

 

 

Es por esa razón que surgen los enfoques alternativos que desde sus postulados buscan una mejor atención. Por ejemplo, el psicoanálisis crítico reconoce que hay que poner en juego las necesidades individuales, en especial las afectivas, puesto que la persona es un ser coexistente que se resuelve intersubjetivamente en relación con el otro (Lorenzer, 1985).

 

Por su parte la filosofía política recata la construcción de lo humano a partir de la cotidianeidad porque considera que ésta es la que posibilita la producción de material, el establecimiento de redes sociales y la construcción de lo simbólico que en gran medida permite la comunicación (Heller, 1993).

 

El enfoque economicista, vuelve a tener protagonismo en estas nuevas miradas, sin embargo, aquí apuesta por un desarrollo humano en la creación de oportunidades, donde se reconozcan los derechos (capacidades y titularidades) y se crean condiciones (creación de oportunidades) para que pueda darse este ejercicio (Sen, 2000).    

 

Por último, desde la filosofía, se rescata la idea de que el desarrollo humano debe partir de la ética comprendida como el arte de vivir bien, donde las capacidades humanas van potencializándose por los hábitos, la praxis, la educación de los afectos y la experiencia. Todo esto con el fin de lograr un equilibrio entre el afecto y la razón.

 

Estas apuestas que en conjunto forman una interdisciplinariedad podrían acercarse a una propuesta ideal por el Desarrollo Humano debido a que abarcan un proceso intersubjetivo y contextualizado que permanentemente se construye a partir de las relaciones. Los seres humanos se realizan así mismos en la relación con los otros y es el lenguaje el que dinamiza hasta el punto de dar significado al mundo, a la cultura y a la propia existencia.

 

De manera que, el Desarrollo Humano “comprende las maneras particulares de ser con sentidos propios -subjetividades- (Páramo, 2008), la manera compartida de actuar -identidad-“ (Alvarado, 2006) y la intersubjetividad (sentir colectivo) para tomar posicionamiento del mundo a través del reconocimiento del pasado y así actuar y crear nuevas condiciones de vida  (Alvarado & Ospina, 2006, p.18).

 

Todo lo anterior, reconoce que el Desarrollo Humano debe ser acogido desde la raíz de la persona: un ser inacabado que requiere de un potenciamiento holístico y a su vez, recalca la importancia de no dejar de lado el contexto particular de desarrollo: “se advierte sobre el efecto que tiene en nuestras narrativas del mundo la distancia que nos separa de aquéllos sobre quienes hablamos” (Escobar, 2005).

 

Entonces ¿Cuál es nuestra misión como profesionales frente a este tema? sencillo, debemos comenzar por reconocernos como personas, como sujetos que presentamos particularidades en medio de una colectividad que van desde los deseos y sueños hasta las propias ausencias y fantasmas. Así lo afirma Hannah Arendt (2009, p.22) “La pluralidad es la condición de la acción humana debido a que todos somos lo mismo, es decir, humanos, y por tanto nadie es igual a cualquier otro que haya vivido, viva o vivirá”.

 

A su vez, debemos concientizarnos en que para abogar por un verdadero Desarrollo Humano se hace imprescindible tomar en cuenta la postura del otro: “revisar nuestros principios y decir, bueno, ¿cuáles son los tuyos?” (Nussbaum, 2015). Muchas veces se tiende a volver hitos unas normas que se aspiran como buenas constituyéndolas como elementales y de derecho para todos, pero se olvida que no son aplicables a todas las culturas. La naturaleza de la libertad como capacidad de decisión no se puede omitir en este contexto. Ese es el caso de “la Burka” de Martha Bussbaum. 

 

Es a partir de esa individualización y socialización que se aporta para recrear la sociedad donde se vive como lo hace la mirada al traspasar las fronteras de los vidrios y las ventanas, la mirada cuyo foco resignifica el mundo y construye nuevas formas de seguir en él. Eso es lo verdaderamente humano, es lo que trasciende y deja huellas imborrables: es “preferir la fama inmortal a las cosas mortales, esos son los verdaderamente humanos” (Arendt, 2006).

 

Referencias

  • Arendt, H. (2005). La condición humana. Argentina: Paidós.
  • Stork, Y & Aranguren, J. (2008). Fundamentos de Antropología. Un ideal de excelencia humana. España: EUNSA
  • Sen, A.K. (2000). Desarrollo y libertad. Barcelona: Planeta.
  • Escobar, A. (2005). El “postdesarrollo” como concepto y práctica social. Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización. Caracas: Universidad de Venezuela.

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