REFLEXIONES: Felicidad

Al encuentro con la felicidad

Tany Giselle Fernández Guayana

Especialista en Desarrollo Personal y Familiar. Licenciada en Pedagogía Infantil.

  tany.fernandezg@gmail.com

 

La concepción actual sobre felicidad, entendida como el sentirse bien, es una idea social que ha cundido el pensamiento y obrar de las actuales generaciones. Hoy, la felicidad es atribuida únicamente al bienestar, término que ha reducido al tener (salud, dinero, estabilidad) sin importar los medios para conseguirla.

 

El tema de la felicidad, no radica en su búsqueda como si ésta jamás pudiese ser conquistada, por el contrario, el punto central consiste en propiciar los medios para estar a su encuentro, porque la felicidad está presente ante nuestros ojos, como lo menciona Llano (2002): “el camino hacia la vida lograda sale a mi propio encuentro”. Dado lo anterior, la pregunta central que se desarrollará es la siguiente: ¿cómo propicio el encuentro con la felicidad?. Ante la anterior cuestión, se hace imprescindible hacer un recorrido estructural, filosófico y educativo sobre lo que significa ser feliz.

 

F de felicidad

El vocablo felicidad tiene un espectro de acepciones que se sitúan entre la alegría, el gozo, la paz, la satisfacción por el deber cumplido, la dicha, el bienestar, la gloria, la fama, la complacencia etc (Rojas, 2000), y en todos los casos se habla de una experiencia común: “la satisfacción debida a la propia situación” (p.14). Tal satisfacción se deriva de su significado etimológico con las palabras eutijia, eudaimonio (griego) que conciernen a “buena fortuna” dada por la diosa Tije y makariótes que alude a bienaventuranza (p.13).

 

¿Por qué no nos vemos felices?

Entonces, si se realiza todo lo que sea necesario para obtener esa “buena fortuna”, ¿por qué no se es feliz?. La actual concepción sobre felicidad oscila entre tres elementos de motivación extrínseca y placer concupiscible: el dinero, el poder y el placer (Llano, 2002), más no en la “bienaventuranza”.

 

El dinero: se ha tendido a confundir la felicidad como un medio y no como un fin, por tanto, aquello que en su esencia es un medio como el dinero no puede ser el fin de la persona. El dinero carece de valor completo por sí mismo, en sí, el dinero sin cosas no sirve, más, un fin como lo son los principios universales como decir la verdad, siempre “servirán” (Llano, 2002). Además, el dinero se pierde, las virtudes se conservan. Por otra parte, la felicidad ha sido cifrada: a mayor dinero mayor felicidad, no obstante, “el dinero solo se puede repartir más no compartir, es de uno (individualismo) y de nadie más, por lo cual siempre hay discordia y en medio de la discordia, nadie es feliz” (Stork y Aranguren, 2003, p.177).

 

El dinero


Tener el poder

El poder: No hay persona a quien no le guste mandar (Llano, 2002). Por naturaleza el hombre tiene un afán continuo de dominar y someter (Nietzsche, citado por  Stork y Aranguren, 2003) el cual se ha incrementado hoy día por el constante decir: “en la vida los que triunfan son los fuertes, no la justicia” traducida en “la ley del más fuerte” (p.178). El poder enceguece  a las personas, éste omite el tiempo y las ganas de pensar antes de dar la orden, “no hay nada más temible que un imbécil con poder” (Llano, 2002, p.91), por dicha razón, en su afán se conduce rápidamente a la infelicidad: a) cosificación de la persona; b) sometimiento de las peores formas de tiranía; c) lanzando a las personas contra otras; d) destruyendo la seguridad, derecho y valores morales; Por consiguiente, el tirano es feliz o no dependiendo de su modo de vida, de lo que pretenda hacer con su poder.


Ya no soy feliz: el placer: El último elemento que imposibilita la felicidad es el placer. Por una parte, se desea con el gozo para lograr la estabilidad que toda persona anhela. El placer tiene a su favor el rendimiento interior que se dirige a la autoconstrucción conforme a la propia naturaleza del hombre (Llano, 2002, p.66). Pero a veces, el placer no va acorde a la propia naturaleza y no todo lo que va acorde a ella produce placer. Por ejemplo: el pagar un impuesto no me produce placer alguno, sin embargo, pagarlo (ser responsable y honesto) produce una satisfacción moral de estar haciendo lo que se debe hacer y resulta más gratificante que cualquier otra cosa (p.68).


 

Los tres elementos que imposibilitan la felicidad, anteriormente expuestos, se direccionan a un solo objetivo: El bienestar, término que ha sido interpretado erróneamente. El bienestar, consiste en la obtención de bienes que permitan la estabilidad y presenta dos perspectivas: 1) concierne a suplir los mínimos requisitos de supervivencia como la salud, estado físico y psíquico (Stork y Aranguren, 2003), la cual se suple de manera inmediata; 2) consiste en el servir para algo o alguien porque son dignos de ser amados por sí mismos, porque son valiosos y bellos, no en cuanto sean útiles (p.176). Ambas constituyen la calidad de vida necesaria para ser feliz. Lastimosamente, ese “estar bien” se ha centrado únicamente en la satisfacción inmediata de los deseos, como se explicará a continuación:    

 

 

Entonces, lo bueno es lo útil, lo que sirve para conseguir los deseos y alcanzar los objetivos. Si un televisor no es útil, se desechó y si la persona no es útil se desecha. El sentido de lo útil es el medio, más no, el fin (Stork y Aranguaren, 2003). Cuando se expulsa a una persona porque se vuelve inútil para la vida de quien acompaña, ésta segunda se vuelve “egoísta, vacía, ensimismada” (p.176) sin tener la capacidad abrir su mirada a otro.

 

Búsqueda de la felicidad o Propicio de su encuentro

La felicidad es una tendencia natural del ser humano que “en algún momento de la vida se la plantean para su realización y cada uno lo hace desde su particular instalación biográfica, psicológica, social y cultura” (Rojas, 2000). Es tendencia (tendere) debido a que “va hacia algo que todavía no se posee” (p.15) y gracias a ella, se orienta el proyecto personal, forjándose y llevándose a cabo (p.15).

 

Entonces, sí lo obtenido para conseguir la felicidad como el dinero, el poder, el placer y el bienestar no conducen a la felicidad ¿cómo se podría?. En primer lugar, se hace imprescindible rescatar el verdadero significado de felicidad. Felicidad, de acuerdo con Stork y Aranguren (2003) significa “vida lograda” que exige la plenitud de desarrollo de todas las dimensiones humanas, la armonía del alma (p.157). Para Rojas (2000), se refiere a “el bien supremo perfecto” (p.29) el cual se alcanza a través de: la razón y el amor. La razón porque el conocimiento se dirige a la verdad y amor porque se dirige hacia lo bueno, de manera voluntaria se ama a alguien y al amarla. Y solo ésta colma los deseos de la persona” (Strok y Aranguren, 2003, p.157) “. En pocas palabras, la felicidad “es la realización plena de uno mismo” (Rojas, 2000, p.36) o como lo especifica Llano (2002), es “la vida lograda”.

 

La felicidad es un fin al que hay que llegar

Por consiguiente, la persona está a punto de encontrarse con la felicidad cuando desde “su ser personal y su modo biográfico de ser, orienta sus acciones hacia aquello que le pide a la vida” (Rojas, 2000, p.29): el bien y para ello, sólo requiere de un único medio: el yo mismo. De acuerdo con Enrique Rojas (2000) es cada persona quien debe hacer su vida puesto que cada quien es su propio protagonista; de igual forma, Alejandro Llano, expresa que el “algo tan serio como lo es lograr la vida, no puede depender del azar o herencia” (p.38) Todas las personas se encuentran ante la alternativa de la alegría o la desgracia, y “todos también están en condiciones antropológicas de reinsertar la suerte que corren en una vida rectamente orientada” (Rojas, 2000, p.32). Por tanto, la felicidad requiere de voluntad, el querer-querer esa felicidad, el querer-querer esa felicidad a través del bien, y ese bien no se encuentra en lo extrínseco material, sino en lo intrínseco traducido en la potenciación de lo que es propio de la persona: las virtudes.

 

 

Conclusión

Es el amor, el medio más perfecto para estar frente a frente con la felicidad porque para saber amar se requieren de las virtudes humanas. Amar consiste en “querer el bien de otro en cuanto otro” (Aristóteles, citado por Melendo, 2000, p.15), donde la persona con “su ser mismo y el desarrollo de todo lo que lleva dentro” (Rojas, 2000, p.36) se dona totalmente, saliéndose de sí misma, para entregarse a otro con el fin de ayudarlo a ser pleno (Melendo, 1992), soportando las vicisitudes que se presenten y dirigiendo su actuar su propio bien y el de quien ama.

 

Para lograr lo anterior, se hace ineludible tener conciencia de las dimensiones del amar humano (Sellés, 2006, p.613): a) Dar, entregar la persona no algo de ella; b) Aceptar, dar aceptación y aceptar la entrega; c) Don. El don se da y lo que se es dado se pone al servicio de otro. En consecuencia, amar es el acto y medio perfecto por el cual la persona está al encuentro con la felicidad.

 

“Vivir así, amando, hace feliz al hombre”

(Rojas, 2000, p.26)

“La felicidad es más del orden del ser que del tener”

(Stork, 2003, p.216)

 

Referencias:

 

  • Llano, A. (2002). La vida lograda. España: Ariel.
  • Melendo, T. (1993). Ocho lecciones sobre el amor humano. España: Ediciones Universidad de Navarra.
  • Rojas, E. (2003). Una teoría de la felicidad. Espala: Ediciones CIE.
  • Sellés, J.F. (2006). Antropología para inconformes. España: Ediciones Rialph.
  • Stork, Y. & Aranguren, J. (2008). Fundamentos de Antropología. Un ideal de la excelencia humana. España: Eunsa.

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